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miércoles, 16 de enero de 2013

Las mujeres de Guaduas salvan el río San Francisco, las quebradas Llanadas y Ventas

Desde hace doce años cuando la empresa petrolera  Pacific Rubiales comenzó a perforar  pozos profundos en la zona de Guaduas Cundinamarca en Colombia, le dio trabajo bien pago a los hombres de la zona, pero los hogares no se veían beneficiados con estos recursos, además  la deforestación se hizo inminente y fueron las mujeres quienes lograron devolverle la vida a las quebradas y ríos del lugar,  además de llevar el sustento a sus hogares.

Foto Reserva Hìdrica y Forestal de Chipatá.
Grupo de mujeres trabajando en la reforestación



Como el trabajo que ofrecía Pacific Rubiales era solo para hombres,  las mujeres solicitaron a la multinacional su participación y ofertas laborales, pero la respuesta fue rotunda, "las políticas nuestras no permiten a las mujeres en estas labores". 

Tiempo después por el convenio que tiene el Ministerio del Medio Ambiente con las entidades que hacen perforaciones profundas de otorgar un 1% de la inversión por compensación del oleoducto,   abrió la posibilidad de reforestar las microcuencas de las quebradas las Ventanas y Llanadas, entonces las mujeres decidieron aprovechar esta oportunidad  y presentaron su propuesta para ser ellas, quienes lograran restituir la vegetación, los animales y salvar a estas dos vertientes del río San Francisco que abastece el acueducto de Guaduas.

Aunque este trabajo no era sencillo y estaba establecido para hombres,  las mujeres a la cabeza de Nidia Suárez Bermúdez, decidieron que era un reto que debían realizar y así conformaron la Junta de Acción Comunal de la vereda Chipautá donde están ubicadas las microcuencas e iniciaron contra viento y marea esta labor sin el apoyo gubernamental y sin hombres,  solo con el contrato que habían firmado con la multinacional.

La reforestación  se desarrolló por faces desde el año 2004 y ha logrado hasta el día de hoy rescatar especies animales como el oso perezoso que era nativo de la región, restituir plantas como la  Madre de agua, aliso, gaque y guayacán, entre otros. Pero como esta labor era de exigencia física, estas mujeres poco a poco fueron  incluyendo hombres de la región dentro del grupo, quienes realizaban trabajos de siembra y de carga que no eran aptos para ellas.


El esfuerzo doble de las mujeres para lograr la reforestación

Este proceso de reforestación que en un comienzo parecía imposible de realizar les exigió a las mujeres doblemente, responder por el contrato adquirido con la multinacional y no descuidar sus labores maternas. 

Así que con mucho esfuerzo y en muchos casos en contra de sus parejas, día a día se multiplicaban para cumplir en sus casas y salir a laborar en la salvación del medio ambiente que a todas luces les exigía un desgaste corporal al que ellas no estaban acostumbradas, porque aunque por ser campesinas sabían abrir un hueco para sembrar plátano o café, esta era una labor que iba mucho más allá,  la aprender sobre las plantas originarias de la región, a qué altura deberían ir sembradas,  de qué manera y  el terreno que apenas están aprendiendo a entender era de 74 hectáreas . 

Tuvieron que asistir a múltiples reuniones con la Corporación Autónoma Regional, CAR, para que les dieran permiso de cultivar las plantas originarias, buscar su apoyo estratégico y lograr reuniones de capacitación y cursos de educación ambiental.
Los obstáculos aumentaban cuando los entes  que  hacen las  veedurías sobre estos procesos no las apoyaban y al contrario, se mostraban como impedimentos para desarrollar el plan trazado en reforestación. 


Las mujeres lograron lo imposible:  La Reserva hídrica y Forestal de Chipautá


Ecoturismo
Reserva hídrica y Forestal Chipautá
Hoy la región es llamada  Reserva hìdrica y Forestal de Chipautá,  aunque este proceso  no ha llegado a su fin, la zona de las quebradas Llanadas y las Ventas,  y la cuenca del río San Francisco se han convertido en sitio turístico y  son muchas las personas que practican en la zona el puenting que es un descenso en rappel desde los puentes;  el cayonig que es un recorrido por los cañones rocosos de los ríos y quebradas;  el torrentismo que es un descenso que se hace por medio del rappel entre las caídas de agua y las caminatas ecológicas

Antes de abrir sus puertas al ecoturismo y al deporte de aventura,  los jóvenes de la zona fueron capacitados por el Servicio Nacional de Aprendizaje Sena,  para ser ellos los guías capacitados para orientar a los deportistas y turistas, además de generar otro tipo de sustento para la gente de la región.

La vereda Chipautá  está ubicada  a 117 kilómetros de Bogotá, tiene una temperatura de 24 grados, esta a una altura máxima de 2250 metros sobre el nivel del mar que hacen que sus paisajes sean  la gran atracción en el ecoturismo, además de tener  gran variedad de productos  que la están convirtiendo en uno de los sitios más apetecidos por los viajeros.



Todo esfuerzo tiene un premio


Yolanda Bolívar,  Olga Vargas, Nifa sedano, 
Nidia Suárez Bermúdez
 y Acene Sánchez. JAC vereda Chipautá 
Foto Claudiasincensura
Esta  Junta de Acción Comunal está conformada por mujeres campesinas que decidieron apostarle a la reforestación, aún en contra del machismo existente en la región y que han  recibido los Premio Nacional de Ecología Planeta Azul 2010-2011 y el premio Sello Ambiental Oro 2012, entregado por el Acueducto de Bogotá y Siembra Colombia.











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FOTOGRAFÍAS DEL PROCESO DE REFORESTACIÓN 
Fotos de Reserva hídrica y Forestal de Chipautá


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien que llas mujeres trabajen en este aspecto. Historicamente ellas tienen mejor relación con los ecosistemas que los hombre.

Claudia Sin Censura dijo...

Sí las mujeres del municipio de Guaduas en Cundinamarca, Colombia, demostraron que pueden aportar a sus hogares y a los ecosistemas, sin esperar que sean solo los hombres los aportantes en el hogar.

Gracias por su comentario.

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